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viernes, 24 de junio de 2011

El Otro Yo - Mario Benedetti.



Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la nariz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.


El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse incómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.


Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo qué hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañana siguiente se había suicidado.


Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.


Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió a la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le llenó de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas.


Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».


El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.

8 comentarios:

miren dijo...

Muchas veces, much@s no somos tan especiales como creemos, el famoso sé tú mismo debería ser en esos casos, disimula cuanto puedas tu mismidad.
Pobre Corriente,tonto.
Besitos.

Gloriana dijo...

Mmmmmm...elegir! Tomar una decisión siempre implica renunciar a otra! Incluso cuando se trata de nuestra manera de ser.

Besazos, Gloria!

Mandalas, Espacio Abierto dijo...

Hola Gloria

No había leido nada de Mario Benedetti porque no me atraía mucho. Menos mal que se aprende todos los días, y en el de hoy, está el descubrir a este escrito.

Me ha conmovido El Otro Yo.

Besotes.

Coeli dijo...

Siempre hay un complemento en cada una de las partes del alma que nos conforman. Me ha gustado

Un abrazo fuerte desde otra luna

uxue dijo...

Hola Gloria.
Precioso lo que has puesto. Siempre me ha gustado Benedetti, y cada vez que leo algo de él me gusta más su sensibilidad y su forma de escribir.
Gracias por compartirlo amiga.
Un beso, y que pases un buen fin de semana

laindefensiónaprendida dijo...

Me gusta mucho Benedetti.
Según mi humilde opinión (y la de renombrados psiquiatras y psicólogos)tenemos varios otros "Yos". Lo que es muy saludable.
Desatender cualquiera de ellos, sobretodo los de la infancia, puede resultar hasta peligroso.
Un Beso y muchas gracias por visitar mi blog.

METAMORFOSIS dijo...

Cada uno somos como somos...somos como un dado, con varias caras pero somos uno, el mismo...y sin una de esas caras no seríamos un dado, estaríamos imcompletos, pues las personas igual. Lo que tenemos que hacer es conocer todas nuestras "caras" y aceptarlas...y compensar las unas con las otras. Me ha gustado este escrito de Benedetti, una vez más nos hace pensar.
Un abrazo.

Gloria dijo...

A veces somos tan celosos de nuestra veradera identidad, que a fuerza de querer esconderla a los demás, terminamos por no comprenderla. Admiro a esas personas que dicen que están tan seguros de conocerse, yo aún estoy en ello.

Como siempre Benedetti me encanta.

Un abrazo y muchas gracias por vuestros comentarios.

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